1. La Inspiración de las Escrituras
La Biblia es la Palabra inspirada de Dios; una revelación de Él al hombre, nuestra regla infalible de fe y conducta, superior a la razón y a la conciencia. (2 Tim. 3:15-16; 2 Pe. 1:21).
El fundamento bíblico de lo que creemos y enseñamos.
La Biblia es nuestra única regla, toda suficiente, de fe y conducta. De ella se deriva la siguiente DECLARACIÓN DE FE como fundamento doctrinal que, en Casa de Oración, nos rige en el aprendizaje y enseñanza de la Palabra de Dios. (I Cor. 1:10; Hch. 2:42; Ef. 4:13).
La Biblia es la Palabra inspirada de Dios; una revelación de Él al hombre, nuestra regla infalible de fe y conducta, superior a la razón y a la conciencia. (2 Tim. 3:15-16; 2 Pe. 1:21).
El único y verdadero Dios se ha revelado como el “YO SOY” que existe eternamente por sí mismo (Ex. 3:14). Pero en esta unidad esencial hay distinción de personas, a saber: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Dt. 6:4; Mr. 12:29; Is. 43:10-11; Mt. 28:19). Dios es Espíritu infinito, eterno e inescrutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad.
Los términos TRINIDAD y PERSONAS en relación a la Divinidad son palabras en armonía con las Sagradas Escrituras, en cuanto al ser de Dios, para distinguirle de “muchos dioses y muchos señores”. Por lo tanto podemos hablar con propiedad del Señor nuestro Dios como de un SEÑOR y como de una TRINIDAD y estar completamente de acuerdo con las Escrituras.
En la naturaleza espiritual de Dios existe la persona del Padre. Eterno en sentido propio y absoluto. Ejemplar, en cuanto a la obra creada. De adopción en cuanto al hombre redimido.
El Señor Jesucristo es el Hijo de Dios en el sentido singular, único. Las escrituras declaran su preexistencia, su nacimiento virginal, su vida inmaculada, sus milagros, su obra sustitutiva en la Cruz, su resurrección corporal y su exaltación a la diestra de Dios.
Creemos en el Espíritu Santo como una persona incorpórea, pero real por poseer todo aquello que constituye una personalidad. Es una persona distinta del Padre y del Hijo, y es una persona divina a quien las Escrituras le aplican atributos de Dios.
El hombre es creación divina e inmediata de Dios. Voluntariamente pecó, perdiendo así su estado original. Su única esperanza de redención está en Jesucristo el Hijo de Dios.
Es el Plan de Dios desde la eternidad. Las condiciones que Dios establece para ser salvos son el arrepentimiento de los pecados y la fe en Cristo. La evidencia interna es el testimonio del Espíritu Santo y la externa es una vida transformada.
La santificación es un estado de gracia al cual entra el creyente al aceptar a Cristo. Su recepción es inmediata y su desarrollo progresivo. Es la voluntad de Dios y un requisito para verle.
Creemos que a todos los creyentes se les ha otorgado el privilegio de recibir el bautismo en el Espíritu Santo con el propósito de investirles de poder y autoridad para ser testigos.
Creemos en la sanidad física, mental y espiritual por el poder de Dios y su palabra con base a la muerte expiatoria de Cristo.
La Iglesia es el cuerpo místico de Cristo. Cristo fundó la Iglesia durante su ministerio. Cada creyente nacido del Espíritu es un componente de ella.
Es una ordenanza de nuestro Señor Jesucristo. Se utilizan el pan y el jugo de la vid como símbolos de nuestra participación de la naturaleza Divina. Es un memorial de su muerte y una profecía de su segunda venida.
Creemos en el Bautismo en Agua por INMERSIÓN en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, como testimonio de una limpia conciencia.
Es la resurrección de los que han muerto en Cristo y su traslación, juntamente con aquellos que hayan quedado hasta la venida del Señor.
La revelación de Jesucristo en gloria, la salvación de Israel y el establecimiento del reinado de Cristo sobre todas las naciones por mil años.
Habrá un juicio final donde los impíos serán juzgados. Esperamos cielos nuevos y tierra nueva en los cuales mora la justicia.
Se desaprueba todo credo herético, por la confusión y división que causa en el pueblo del Señor, y todos los credos que se opongan a la sana doctrina.